30 ene 2017

La extrañaba tanto, tanto la quería

Oliver Jeffers

La extrañaba tanto, tanto la quería, que compró el desodorante que usaba para recordar su olor. Siempre las manos ocupadas: en una el celular, en la otra el recipiente. Cerraba los ojos y lo aspiraba con fuerza una, dos, tres veces; entre los olores primaverales aparecía ella. Radiante. Suave. Tersa. Seca y protegida de las irritaciones de la piel sensible. De acercárselo a la nariz, le apareció una mancha blanca entre el bigote. Se veía mal, pero olía a lavanda.

La extrañaba tanto, tanto la quería, que no podía dormir sin ver su colección de lencería. La puso en todas partes. La tanga verde en el refrigerador. La bata colgada como bandera en el patio. Un brassier en la cocina. Unos calzones en el baño, en la cama, debajo de la almohada. Después le hizo falta en el trabajo. Dos tangas en el bolsillo. Sobresaltos en la oficina. No era suficiente: Reemplazó sus calzoncillos por bragas ajustadas.

La extrañaba tanto, tanto la quería, que recordaba haberle dicho que odiaba las obleas, el caldo de papa y las empanadas de pollo. Ahora, arrepentido, desayunaba obleas, almorzaba caldo y cenaba empanadas. Empezó a pasearse por centros comerciales, aprovechaba los descuentos de los almacenes de cadena, se fijaba en las zapatillas, en los vestidos de noche, en los bolsos hechos a mano, en las comedias románticas del cine, en las flores del parque, en los cachorros de gato, de perro, de cerdo, de vaca.

La extrañaba tanto, tanto la quería, que olvidó que él odiaba a Roberto Bolaño y a José Rafael Pocaterra y empezó a leer sus libros, sus subrayados, sus anotaciones a pie de página. Olvidó que amaba a Scorsese, a Tarantino y a Coppola y empezó a preferir a Woody Allen, Wes Anderson y Hal Ashby. Abandonó a Coetzee y regaló sus Vila-Matas. Las noches fueron más oscuras, él las creía luminosas.

La extrañaba tanto, tanto la quería, que al observar su registro de nacimiento decidió olvidar la patria. Memorizó el himno de Venezuela y aprendió su historia. Le puso estrellitas a la bandera del 8 de agosto. Averiguó quienes eran Andrés Navarro, José María Vargas, Antonio Leocadio Guzmán, Pedro Gual Escandón, José Ruperto Monagas, Juan Vicente Gómez, Marcos Pérez Jiménez y Luis Herrera Campins. Empezó a decir “Chico” en lugar de “Mano” y programó vacaciones a Maracaibo.

La extrañaba tanto, tanto la quería.


30 dic 2012

Sólo existe el hombre


Y esta conclusión mía es la de que no existen libros, ni existe literatura, ni existe retórica, ni existe arte: sólo existen hombres. Hombres de carne y hueso que sienten y que sufren, que aman y que mueren....

Jaime Ardila Casamitjana - Prólogo a Huella en el barro de Tomás Vargas Osorio.

20 ago 2012

Peligro alta tensión ortográfica (tenxion, tensión)

En Floridablanca existe un paradero llamado Papi quiero piña. Frente a él, pasando la calle, tomando la carretera que lleva al centro de la ciudad, hay una caseta; allí encontramos el siguiente cartel:


Imaginamos que la x en tensión quiere hacer referencia a la forma de las calaveras que usualmente acompañan esta especie de avisos y que se dejan ver tres veces en el papel.

¿Les parece grave este error ortográfico? 

12 ago 2012

La novela de Joseph Avski y Alberto Salcedo Ramos


Hay una escena en la cinta Midnight in Paris de Woody Allen donde Gil Pender tiene el siguiente diálogo con Hemingway: 
Hemingway: ¿Qué escribe?
Gil Pender: Una novela.
Hemingway: ¿Sobre qué?
Gil Pender: Sobre un hombre que trabaja en una tienda de nostalgia, ¿sabe?
Hemingway: ¿Qué mierda es una tienda de nostalgia?
Gil Pender: Un lugar donde venden cosas viejas. Memorabilia. Y resulta que... ¿Suena muy horrible?
Hemingway: Ningún tema es horrible, si la historia es verdadera. Y si la prosa es limpia y honesta, y si manifiesta valor y elegancia bajo presión.
Gil Pender: Oiga. Quisiera pedirle el mayor favor del mundo
Hemingway: ¿Qué es?
Gil Pender: ¿Podría leerla?
Hemingway: ¿Su novela?
Gil Pender: Sí. Tiene 400 páginas y estoy buscando, busco una opinión.
Hemingway: Mi opinión es que la odio.
Gil Pender: Pero si ni siquiera la ha leído.
Hemingway: Si es mala, la odio. Odio la mala Literatura. Y si es buena, la envidiaré y la odiaré más. No pida la opinión de otro escritor.
Hemingway decide llevarle la novela a Gertrude Stein para que concluya su calidad literaria y deshacerse de la responsabilidad de evaluar a otro escritor. Su opinión con respecto al trabajo literario no depende de las adulaciones, sino de la calidad.

No pasó lo mismo en el caso de Joseph Avski y Alberto Salcedo. La novela de Avski fue retirada por haber citado sin comillas partes extensas de la novela El oro y la oscuridad de Salcedo Ramos. 

Avski se confió. Las decisiones que tomó con respecto a su novela fueron comunicadas a Salcedo, parte por parte, pero al parecer no fueron tomadas con la seriedad necesaria. Salcedo le respondía con elogios y la necesidad de lectura y juicio crítico, que pedía Avski, se enmarañó entre halagos de parte y parte. Después, olvidando quizá las conversaciones previas, Salcedo se sintió plagiado, dijo que iba a demandar y la novela se retiró del mercado.

No me interesa analizar culpas que quizá no existen. Salcedo tuvo sus razones para proteger su propiedad intelectual. ¿Quién no lo haría? Y Avski también las tuvo para hacer el “pastiche” que, según dice, era un homenaje. Lo interesante aquí es el tema de las amistades literarias. ¿Hasta dónde llega la amistad en temas literarios? ¿Primero se forja la amistad y luego la literatura? ¿Pueden ser amigos dos escritores?

Para el Hemingway ficcional de Woody Allen es muy claro: Mi ego, mi labor, me van hacer odiar tu trabajo; la escritura es una competencia. Sin embargo, la historia nos ha mostrado casos en los que las amistades han forjado excelentes obras. Clásico es el ejemplo de Nathaniel Hawthorne y Melville. Su estrecha amistad les permitía intercambiar borradores y señalarse los errores literarios más urgentes. Habrán más casos, cientos, quizá miles.

¿Qué sucedió entonces con Avski y Salcedo? No sé si sean amigos íntimos, no tengo conocimiento de que únicamente hayan charlado por correo electrónico, no sé si hayan salido a tomar un café o una cerveza, lo evidente es que uno de los dos se tomó más en serio al otro y así no hay amistad, así no hay nada.

28 jun 2012

Pájara, pájara


Pájara, pájara
¿Por qué huyes de pronto?
Saltas de hoja en rama
Dejando pasar mis besos

Pasas triunfante,
siempre constante

Mientras tu macho
Golpeado
Por el viento
Llora

2 abr 2012

Panes "Franceces" o la ortografía del Éxito


El 31 de marzo nos encontramos con esta clase de pan que ofrece el supermercado Éxito de cañaveral. No podemos decir que es un error clásico, ya que, no hemos encontrado alguno similar. Escribir: panes franceces en lugar de la forma correcta panes franceses. Queda esperar cuánto tiempo tardan en advertir el error. El empleado, a quien nos dirigimos para indicarle la corrección, se rascó la cabeza y dijo: "Tienen razón, en un momento lo arreglamos". La segunda foto fue tomada al día siguiente.



25 mar 2012

Joyce y Beckett


Ayres
Joyce tenía entonces cincuenta años, y Beckett veintiséis. Beckett era adicto a los silencios, y también Joyce; entablaban conversaciones que a menudo consistían sólo en un intercambio de silencios, ambos impregnados de tristeza, Beckett en gran parte por el mundo, Joyce en gran parte por sí mismo. Joyce estaba sentado en su postura habitual, las piernas cruzadas, la puntera de la pierna de encima bajo la canilla de la de abajo; Beckett, también alto y delgado, adoptaba la misma postura. Joyce de pronto preguntaba algo parecido a esto:
 —¿Cómo pudo el idealista Hume escribir una historia?
 Beckett replicaba:
 —Una historia de las representaciones.
Enrique Vila-Matas - Bartleby y compañía

10 dic 2011

El payaso



Se echó agua en la cara, no con intención de lavarse, sino para aclarar las ideas. En el espejo vio lo que su mujer estaba cansada de señalarle. Un hombre al que se le había ido la vida entre las manos. ” Ser soñador no te lleva a nada” le había dicho el viejo. ¡Pucha, cómo no haberle hecho caso!
Tomó las cosas y manejó hasta la casa donde sería la fiesta. Se presentó y automáticamente le señalaron la puerta del tocador.

Acostumbrado ya al ritual se puso su traje de volados y lentejuelas. Luego cubrió sus zapatos con una gomaespuma que los hacía ver más grandes. Sólo faltaba el toque que lo hacía invisible.

Abrió su maletín. “Las cosas no son lo que parecen” pensó mientras se ponía la crema blanca en el rostro.  Se dibujó la enorme sonrisa roja, coloreó los ojos como si estuvieran encerrados en figuras geométricas y terminó con el detalle de la peluca verde con rulos. Con tanto maquillaje ¿quién podía adivinar la tristeza?

Salió al ruedo. A pesar de ser las 10 de la mañana el sol entraba a picar. 35 grados bajo la sombra de sensación térmica hacían chorrear la piel de cualquiera. Ni hablar de si tenía crema encima.

Estaba acostumbrado a lo que se venía pero, no por eso, dejaba de ser fastidioso, debía hablar con voz fuerte y chillona. Los niños que le tenían miedo lloraban a mares cuando lo veían. Estaba, además,  el que siempre se le colgaba de la pierna y también el que, para hacerse notar, lo mataba a patadones o le clavaba un pisotón de padre y señor nuestro intentando ver hasta dónde llegaban los zapatos en realidad. Se asfixiaba de tanto hacer animalitos con los globos largos. ¿qué tipo de ser inhumano había inventado esos globos? Luego debía crear juegos para todos mientras los grandes comían y bebían sin ofrecerle ni un vaso de agua.

“El payaso de la fiesta es menos que la sirvienta”, “ya vendrán tiempos mejores” se autoconsoló. Justo en ese momento un nene le pidió upa y sin querer le embarró el traje con el mouse de chocolate que cubría la torta.

Se acercaba el medio día. Sucio y transpirado se desvistió en el baño y luego hasta tuvo que renegar para que le pagaran lo que habían convenido por teléfono.

Llegó a su casa cansado y triste. El dinero alcanzaba para la comida pero no para cubrir la amargura. Lavó el traje rápidamente y lo colgó. A las cinco de la tarde tenía otro cumpleaños y la sensación térmica había subido a cuarenta grados.

Se echó agua en la cara, no con intención de lavarse, sino para aclarar las ideas. En el espejo vio lo que su mujer estaba cansada de señalarle. Un hombre al que se le había ido la vida entre las manos. ” Ser soñador no te lleva a nada” le había dicho el viejo. ¡Pucha, cómo no haberle hecho caso!

3 dic 2011

Kafka escribe




«Así me va el domingo apacible —escribe Kafka—, así me va el domingo lluvioso. Estoy sentado en el dormitorio y dispongo de silencio, pero en lugar de decidirme a escribir, actividad en la que anteayer, por ejemplo, hubiese querido volcarme con todo lo que soy, me he quedado ahora largo rato mirando fijamente mis dedos. Creo que esta semana he estado influido totalmente por Goethe, creo que acabo de agotar el vigor de dicho influjo y que por ello me he vuelto inútil.»

Enrique Vila-Matas - Bartleby y compañía.

9 nov 2011

"Cano fue erido" por RCN

Un error poco frecuente en uno de los programas de noticias más visto por los colombianos apareció el fin de semana pasado. Esta vez enmudeció totalmente la "h"

 


Conociendo la seriedad del medio buscamos la palabra en el diccionario "on line" de la Real Academia Española. Quizá, pensamos, estamos equivocados y la palabra "erido" exista. Sin embargo, el diccionario arrojó lo siguiente:

De mal en peor

Por @albertomontt

3 nov 2011

Crucé los brazos

Crucé los brazos y me quedé observando el escritorio por largo rato. Tomé el pisapapeles, regalo de un amigo lejano, y con extrañeza sentí que ya no me pertenecía. Era de mi propiedad, sin duda. Pero estaba seguro de que ya lo habían jugado a la suerte. ¿Quién se quedará con él ahora? ¿Jesús?, ¿Mister Lewis?, ¿la mujer de la cocina? No pude sostenerlo por más tiempo. Empecé a sentir que todos los objetos del escritorio me desconocían. Habían perdido la memoria del uso que les di. Se burlaban. Parecían gritarme: ¡Viejo!, ¡Ineficiente!, ¡Cobarde! Al final, mis manos detuvieron las lágrimas.

21 oct 2011

Aún no desempacan


Aún no desempacan el comedor. Los dos se sientan en el suelo y usan la mesita del teléfono para sostener los vasos. Sólo han tenido tiempo para armar la cama y sacar algunas cortinas. El resto es un desastre. Después, todo quedará como en las revistas que Alicia acostumbra ver. Habitaciones iluminadas, obras de arte colgadas en las paredes, tapetes llamados alfombras y objetos extraños en todas las mesas de la casa.