21 abr 2010
Los pantalones debajo de la cintura
Siempre me pregunté cual era la razón para utilizar el pantalón tan abajo de la cadera y he aquí la explicación: SON DOS. Ahora cuando los vea pasar junto a mí los saludaré en plural.
18 may 2009
Premio, luego existo
—Pero aquí dice que son, mínimo, veinte cuartillas. Tendrás que aprender a escribir más. Debes extenderte, explanarte.
Fanny seguía sosteniendo en sus manos las bases del concurso. El premio era el dinero suficiente como para no preocuparse más por las nimiedades del estómago.
— ¿Acaso crees que yo escribo para los concursos? Pues no, yo escribo para y por el arte. Para que me recuerden después de la muerte —decía yo pensando lo contrario. Quería ganar dinero con los concursos; además, como todos saben: premio, luego existo. Y yo no existía en ese momento
—Deja ya eso que esto va en serio —dijo ella—, ponte a trabajar y punto. Son mínimo veinte.
— Qué me crees tú. Conque una sola persona me lea, conque uno sólo valore las horas que me he gastado, el sudor, las enfermedades, la negación de los placeres, yo quedo satisfecho —decía mientras pensaba en lo triste que seria que solo uno me leyera. Soñando en el reconocimiento, en las ovaciones, en la fama.
Mis cuentos no pasaban de tres cuartillas, y eso. Confieso que una vez escribí más de cinco y me aterroricé tanto que arroje el manuscrito al retrete, después de revisar si no era una obra de arte. Cuando un texto se excede más de tres páginas, pienso yo, está lleno de ripios, de parágrafos sin sentido, de desviaciones. Son obras peligrosas que están buscando el ingenio en un bosque de palabras. Pero son esas las obras premiadas, y yo me pregunto: ¿Cómo hicieron mis maestros?, ¿Tendrían las mismas consideraciones furtivas que me aquejan hoy?
Aún así, hago un esfuerzo. Escribo cinco, diez, quince, veinte cuartillas en una tarde. Fanny, orgullosa, compra hígado para la cena. Reconoce mi esfuerzo. Los dos estamos entusiasmados. Ese es el cuento que resolverá nuestros problemas. Por ello, y siguiendo la tradición, se lo doy a leer. Se lo pongo en el regazo y bromeo diciendo:
—Madame, tendrá usted el honor de leer el mejor cuento de la historia. Prenderé el fuego de la chimenea para que pueda saborearlo mejor.
Y efectivamente me levanto, pongo la leña y atizo el fuego. Era un bonito cuadro. Mi esposa y yo contentos en nuestra humilde casa, con los estómagos llenos de la comida de un mes y en sus manos la mejor obra jamás escrita.
Las páginas se sucedían unas a otras. Al final, cuando leyó la última cuartilla, dije:
— ¿Y bien?
— Definitivamente —dijo tirando el manuscrito al fuego— no comeremos hígado otra vez.
26 abr 2009
¡Lo he comprendido!
He is not spirit, for he exist.
Edgar Allan Poe.
De la cama no alcanza a levantarse
cuando un ataque al corazón lo fulmina,
haciéndolo dormir nuevamente,
hasta que pretenda acercarse a la letrina.
17 feb 2009
Shakespeare “Sobre las sillas malditas”
FALSTAFF.-¿Sí? Conforme. Esta silla será mi trono, esta daga mi cetro y este cojín mi corona.PRÍNCIPE.-Tu trono parecerá una banqueta, tu cetro de oro una daga de plomo y tu preciada corona una calva lastimosa.
Shakespeare, Enrique IV
16 feb 2009
El Comercio
Cuando el muchacho lo ve, grita:
―Ma, ya lo encontré.
En seguida baja una mujer morena y cansada. Resbala las chancletas por cada escalón y dice:
―Ese no es; el mío es así de grande.
―Entonces no sé donde podrá estar ―se levanta del suelo―. ¿Ya revisaste arriba? ¿Tampoco? Pero no hagas esa cara Ma, no me voy al colegio hasta que lo encontremos.
La mujer, a punto de llorar, vuelve a subir al segundo piso. Él sigue buscando. Ahora es ella quien grita desde arriba que lo ha encontrado. El joven sube:
―Mamá, ¿Pero no me dijiste que el tuyo era así de grande?
―Tienes razón. Es que éste es del mismo color. Pero sí, es muy pequeño. Pequeñísimo... Busquemos.
La búsqueda continúa y la mujer se disgusta con cada fracaso.
― ¡Maldita sea! Como es posible que no aparezca, si yo lo dejé aquí ―golpea la mesa―. Aquí, aquí mismito.
Ya es de noche y no aparece.
― Ma. ¿Y si compras otro?
― ¿Qué? ¿Que compre otro? ¡Cómo me vas a decir eso a mí! Es que acaso has olvidado quién me lo dio. Me lo dio tu padre, ¡Tu padre! Cómo voy a comprar otro. Por Dios. Comprar otro ―se aleja.
El joven está sentado en el sillón. Su madre está en la cocina. Él grita:
―Ma. ¿Qué hay de comida?
Silencio.
―Ma. ¿Qué hay de comida? ―más fuerte.
Tiene que acercarse mucho para que su madre lo escuche. Aún así no le contesta. Está aturdida. ¿Tanto escándalo por eso?, piensa él, y sube a dormir sin cenar.
Cuando baja, a la mañana siguiente, su Madre lo aborda diciéndole:
―Que tu padre no se entere.
―Está bien Ma ―estira la palma de la mano.
―Que sea lindo e idéntico al que se extravió ¿no? ―le da un poco de dinero.
Un beso. Y el joven sale de casa camino al colegio. Otro se le une:
― ¿Cómo anda todo?
―Bien. Acompáñame, tengo que ir al comercio primero.
―No me digas que otra vez a tu Mamá…
―Sí, voy a comprarle otro. Y de una vez vendemos este ―saca algo del bolso.
―Es grande ¿no?― dice el otro.
―Sí.
Cruzan la calle hacia el comercio.
5 nov 2008
Nota sobre Manuela de Eugenio Díaz Castro.
Era un cuadro que merecía un pincel por separado, la figura de ñor Elías agachado, (…) embriagado con la dulce filarmonía de su instrumento, o quién sabe si afligido por los negocios políticos, pues aunque él contaba con la fidelidad de su compadre para su secreto de la carta de don Tadeo, su conciencia no estaría muy tranquila, después de haber traicionado a su partido. (p. 316)
El sitio era pintoresco, y se había acercado el cazador todo lo necesario para observarlo bien. Las ondas azules matizadas por la espuma de jabón, como el cielo por las estrellas, en una noche de diciembre, se movían en arcos paralelos desde el lavadero hasta la barranca, de la cual colgaban verdes helechos. Se veían las sombras de las tupidas guaduas que circundaban el charco, con sus cogollos atados por las bejucadas de gulupas y nechas, cuyas frutas y flores; colgaban prendidas de sus largos pedúnculos como lamparillas de iglesia en tiempo de aguinaldos. (p. 36)
Siempre ocurre eso: se reprocha a un poeta no haber ejecutado lo que no se propuso nunca, ¿no?
20 oct 2008
Sedo (cedo) apartamento.
En este aviso leemos Sedo apartamento en lugar de Cedo apartamento.
2 sept 2008
La más grande manifestación de amor.
—Heme aquí que he presenciado la más grande manifestación de amor. Estaba yo auxiliando a mi esposa, a quien el médico recomendó cuidado, a cubrirse y a tomar su medicina cuando le da tal exceso de locura que, diciendo que no va a tomar los medicamentos por ser el doctor un viejo enemigo de su familia, da de patadas a la cama y derrama un poco de la panacea. Avisado ya, por el doctor, de la posibilidad de esta reacción me dispuse a darle de bofetadas hasta que la nariz quedóle en tres uniformes pedazos. De esta manera, y sin titubeos, mi amada tomó su medicina a la que ahora le debe su mejoría. Yo por mi parte me permito la vanidad de escribir esta anécdota para que quienes la lean reconozcan, como ya lo han hecho Licanor, Eleuterio y Alfonso, que esta muestra de amor incondicional por la persona amada, que sobrepasa cualquier límite, de ningún modo podrá ser igualada.
03. V.08
18 ago 2008
¿¡Gáne!?
2 jun 2008
Nota sobre Pobres Gentes de Dostoievski
28 may 2008
“No la quita” o “Nos la quita”
Encontramos esta pinta en una de las paredes del edificio de Ciencias Humanas en la UIS. Dice: "MAS FUERTE Q'EL AMOR POR LA LIBERTAD ES EL ODIO POR QUIEN NO LA QUITA". Hay tres grandes errores. La tilde en MÁS, La utilización de un apóstrofe en la Q, y el más raro de todos, la confusión entre "NOS LA QUITA" y "NO LA QUITA". Este último es un error oral que ahora encontramos en la escritura y que puede llevar a malos entendidos, pues, no se diferencia la negacion "NO" del sujeto "NOS". ¿O será que odian, ahora, a quien NO quita la libertad?

